La Joven de la Perla

La Joven de la Perla es un cuadro de Johannes Vermeer (1632-1675) pintado hacia 1665. Vermeer es conocido actualmente como uno de los principales representantes neerlandeses de la pintura barroca, aunque no tuvo mucha fama en vida. Apenas unas 35 obras se le atribuyen a él, debido a que producía cuadros por encargo para mecenas.

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El cuadro representa a una joven muchacha que mira directamente hacia el espectador. Resalta como punto focal la gran perla que lleva de pendiente. También es curioso el turbante que lleva, atributo por el cual el cuadro también es conocido (La Joven de la Perla o el Turbante).

Este cuadro ha pasado a ser el más conocido del artista, en primer lugar por romper con la estética de los trabajos previos que había realizado. Muy costumbristas, la mayoría representados en la misma esquina, al lado de una ventana. Vermeer era conocido por el tratamiento de luz que le daba a sus obras.

Sin embargo, La Joven de la Perla rompe esa estética siendo un retrato cercano, sobre un fondo negro que parece penumbra y una buena luminosidad en el foco de atención, la chica. Este cuadro es considerado un poco caravaggiano por el juego de luces y sombras y la tenebrosidad de un fondo oscuro.

Una vez presentado el cuadro y brevemente el contexto de la obra y su autor voy a hablar sobre las representaciones. Para Schutz las representaciones tienen que ver con aspectos cognitivos y proporcionan un marco general para el estudio del conocimiento cotidiano: “El proceso que constituye dicho conocimiento tiene tres características: a) proviene de la mediación social,
b) nace de la intersubjetividad por medio de la idealización de la intercambiabilidad de los puntos de vista y de la idealización de la congruencia de los sistemas de relevancia y, además, c) esta construcción del conocimiento cotidiano está distribuida socialmente. En este sentido, las representaciones son también construcciones socialmente distribuidas del conocimiento. Tendremos, pues, en cuenta ambos aspectos: su carácter construido y su diferenciación social”. Las representaciones en el mundo de la vida cotidiana. Carlos Lozares y Pilar Carrasquer. Papers. 55, 1998    131-149

En definitiva, lo que Schutz quiere transmitir es que las representaciones han construido el conocimiento social a través de la mediación, ha sido capaz de empatizar (la representación) con el espectador, hacer ver el punto de vista del autor y darle una importancia extra que previamente para él no tenía. De ahí la intersubjetividad y la intercambiabilidad de los puntos de vista, además de la idealización de la congruencia de los sistemas de relevancia y, por supuesto, todo esto es una construcción social, ya que, las representaciones que crean imaginarios, suelen ir dirigidas a la sociedad en general, por su fin mismo.

Explicado de un modo más sencillo se podría decir que las manifestaciones expresivas a lo largo de la historia no son más que representaciones del autor de su forma de ver el mundo y de cómo consigue que el espectador pueda interiorizar ese mensaje como punto de vista propio, no siéndolo. Además de crear un imaginario colectivo, al aceptar esas representaciones como realidad social e histórica.

La Joven de la Perla no es más que la representación de una muchacha joven con un turbante y una perla. No conocemos nada más, aparte de su belleza, su expresividad, el brillo de sus ojos, etc. Sin embargo, la novela con el mismo nombre escrita en 1999 por Tracy Chevalier representa, según la imaginación de la autora, las circunstancias por las que pudo haberse dibujado el cuadro. Cuatro años más tarde se rodó la película, también con el mismo nombre. El film es una adaptación de la novela, por lo que se podría afirmar que es una representación similar, que no idéntica, ya que se trata de la representación de otra representación, siendo, a su vez, la novela, la representación de otra representación que es el cuadro.

En fin, lo que la novela y el film vienen a contar (representar) es la vida de la joven Griet, cómo acabó como criada de la casa Vermeer y cómo el artista comienza a sentir algo por ella y decide retratarla. Lo curioso es que, al no conocer realmente la historia de cómo el cuadro fue pintado y por qué, el espectador que lee la novela o visiona la película pensará que esas fueron las circunstancias por las que el cuadro fue pintado, entrando en el imaginario colectivo como una realidad. Que la chica era una criada de Vermeer, que tuvieron un pequeño romance, que el mecenas era un déspota lascivo que quería beneficiársela y una serie de acontecimientos que quizá nunca tuvieron lugar, pero que, cada vez que volvamos a ver el cuadro, vendrán a nuestra memoria.

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Esta imagen es un fotograma de la película, en el momento exacto donde está pintándola y que vuelve a representar el cuadro, a través de lo audiovisual. El siguiente enlace nos dirige a la escena de la película de donde ha sido extraído el fotograma:

https://www.youtube.com/watch?v=iYKSE9BA8-s#t=77m35s

Si quieren visionar la película completa:

https://www.youtube.com/watch?v=iYKSE9BA8-s

Como conclusión cabe señalar que la mayoría de las representaciones que crean el imaginario colectivo son casi siempre impuestas por el discurso hegemónico. Esto quiere decir que las personas que ostentan cargos de poder son las encargadas de seleccionar las representaciones para la construcción de la realidad social, no sólo en los medios de comunicación de masas, sino también a través del sistema educativo, el gran creador de imaginarios sociales.

El que controla el pasado, se alzará en el presente y determinará el futuro.

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La isla mínima. Contexto e iconología fílmica.

La isla mínima es el último trabajo del director Alberto Rodríguez y, sin lugar a dudas, el mejor de ellos. La historia se sitúa en una pequeña aldea de las marismas del bajo Guadalquivir en la España de 1980, en plena transición y asentamiento democrático. En ella se narra la investigación policial realizada por dos detectives, ideológicamente opuestos, de una serie de brutales asesinatos y violaciones de chicas jóvenes.

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Pero más allá de la historia en sí, el film está plagado de simbolismos y connotaciones que podemos desenmascarar mediante un estudio iconológico.

Para empezar, Alberto Rodríguez nos transporta a los comienzos de una débil democracia, después de varias décadas de aislamiento político. Una nueva mirada hacia una época no muy lejana, pero sí mayoritariamente olvidada en la sociedad actual. La gente, a pesar de saber lo que ha ocurrido durante tantos años de dictadura fascista, prefiere mirar para otro lado, para no enfrentarse con la realidad e intentar seguir adelante en paz. Aun así, se trata de un conflicto que, a día de hoy, continúa muy presente en el panorama nacional, la eterna lucha entre la derecha y la izquierda, camuflada bajo dos grandes partidos, actualmente no tan distintos ideológicamente, quizá con la llegada del nuevo partido que gana terreno a pasos agigantados se puede contemplar más característicamente las verdaderas raíces del socialismo español. Pero ese no es el tema a tratar hoy.

En el siguiente enlace se puede comprobar la tensión ideológica entre ambos compañeros:

https://www.youtube.com/watch?v=Q5liEFxbvI8

El film está lleno de guiños al director David Lynch, como el uso de luces rojas, los pájaros que parecen perseguir al detective franquista encarnado por el actor Javier Gutiérrez o las cornamentas de ciervos. David Lynch, es bien conocido por su utilización del lenguaje cinematográfico para transmitir mensajes de segundo orden en sus trabajos. Películas muchas veces infravaloradas o incomprendidas, quizá por el abuso de metáforas y secuencias aparentemente carentes de sentido, desde una perspectiva iconográfica.

La aldea donde se sitúa la historia también tiene símiles con la obra de Lynch, Twin Peaks, un pequeño pueblo en donde muchos habitantes tienen algo que ocultar y, el resto, prefiere mantenerse al margen y no involucrarse con lo que allí está ocurriendo.

Mientras los detectives están investigando el caso, se van desentrañando, también, los desmanes del pasado del detective facha, un oscuro pasado marcado por torturas y un presunto asesinato de una manifestante. La simbología del personaje nos transmite que se trata de un hombre con problemas físicos y psicológicos. Hay una escena en la que orina sangre, esto puede simbolizar la sangre que él derramó en el pasado. Podríamos afirmar que el director quería manifestar que los partidarios del fascismo son personas amorales, transtornadas y que intentaban paliar su depresión con alcohol y prostitutas, aunque, paradójicamente, son personas que se creen muy moralistas y rectas, el film nos muestra la doble moralidad de estos personajes.

Por otro lado, el detective liberal nos muestra inquietudes de justicia, aunque poco a poco se va viendo influenciado por el carácter agresivo de su compañero y no duda en utilizar la tortura para conseguir información.

A pesar de que la película está ambientada hace más de treinta años, está llena de guiños al panorama actual, donde, a pesar de todo, sigue habiendo policías y personas ancladas al fascismo y el enfrentamiento con personas ideológicamente opuestas con las que deben convivir.

El espacio y la verticalidad

El espacio es algo en lo que la mayoría de la gente no se ha parado a reflexionar, pero ¿qué es realmente el espacio? ¿Es el espacio el que dicta la existencia?

“Treinta rayos convergen en el cubo de la rueda; Y de esta parte, en la que no hay nada, depende la utilidad de la rueda. La arcilla se moldea en forma de vasos. Y precisamente por el espacio donde no hay arcilla es por lo que podemos utilizarlos como vasos. Abrimos puertas y ventanas en las paredes de una casa. Y por estos espacios vacíos podemos utilizarla. Así, pues, de un lado hallamos beneficio en la existencia; De otro, en la no – existencia.”
Lao – Tse (h. 550 a. de C.)

El espacio y el tiempo van siempre de la mano, ya que es el movimiento lo que permite la existencia del espacio mismo y, para que pueda darse el movimiento, también es necesario el tiempo. De hecho, la forma universal de medir la velocidad del movimiento es decir el espacio recorrido y el tiempo que se tarda en recorrerlo, (por ejemplo: 100 km/h). Esta curiosa forma de medir la velocidad se da por la incapacidad de medir realmente el movimiento en sí mismo y debemos indicar en cuánto tiempo recorrería cierto espacio si mantuviera esa velocidad de forma constante.

Habiendo ya reflexionado mínimamente sobre el concepto de espacio pensemos en su utilización en la arquitectura. En primer lugar, la arquitectura trata de limitar un espacio que, de no ser por ella, no sería más que aire y espacio abierto. El mejor ejemplo es la verticalidad de la mayoría de edificios que se encuentran en las ciudades. La utilización vertical del espacio supuso una revolución en el aprovechamiento del mismo, ya que, sin la arquitectura, sería imposible poder sacar provecho de un espacio superior, como, por ejemplo, en el caso de los rascacielos.

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Una vez visto el aprovechamiento vertical del espacio limitado por la arquitectura para su utilización, ya sea para viviendas, oficinas, comercios, etc. deberíamos hablar de la perspectiva.

El espacio cambia según nuestra perspectiva y la misma arquitectura de los edificios nos suelen marcar las pautas que debemos seguir para mirar hacia dónde se realizan las acciones más importantes. El mejor ejemplo que se me ocurre es la distribución de una iglesia:

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En la imagen podemos apreciar cómo, al entrar, la misma distribución arquitectónica y mobiliaria del lugar nos invita a mirar hacia delante, en primer término, y hacia arriba, en segundo. Esto tendría múltiples interpretaciones según Barthes, en las que no entraremos a debatir en esta entrada, ya que, lo que quiero resaltar, son las diferentes perspectivas posibles en un mismo espacio, que podría ser la iglesia, en este caso.

Si damos un paseo por ella y miramos desde diferentes puntos y en diferentes direcciones, podemos comprobar como el espacio es interpretado de diferente forma por nuestro cerebro y procesado como información completamente diferente. Podríamos tomar cientos de fotografías en el mismo espacio, pero desde perspectivas diferentes y tener la sensación de que no es el mismo lugar. Entonces, ¿cómo representar el espacio? Teniendo en cuenta que desde cada perspectiva cambia, ¿cuál sería la correcta?

De esto ya se dieron cuenta muchos arquitectos y artistas al final de la modernidad que quisieron representar diferentes perspectivas dentro de una misma obra (caso de Pablo Picasso por ejemplo).

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Mars Attacks y el cronotopo

El cronotopo es, según Mijail M. Bajtin en Las formas de tiempo y del cronotopo en la novela. Ensayos de poética histórica la “conexión esencial de relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura.”

Aunque Bajtin, en este libro, sólo se refiere al cronotopo en la literatura, también se le puede extrapolar a la realidad y a la semiótica.

Para entender mejor el marco de sentido o cronotopo recomiendo ver esta escena de la película Mars Attacks:

https://www.youtube.com/watch?v=bRb-env7Dx8

En primer lugar, vemos como el General intenta estrechar la mano del Embajador marciano como gesto de bienvenida, a lo que el embajador marciano reacciona extrañado y no le extiende su mano. Según nuestro cronotopo (en este caso compartido por todos los seres humanos) el gesto de estrechar la mano es un gesto de saludo cordial y respeto, pero, ¿compartirán los marcianos dicho cronotopo? Es decir, dentro de su marco de sentido, ¿es para ellos también un gesto de saludo cordial y respeto?

Ante la escena podemos afirmar que en su cronotopo el gesto de estrecharse la mano no significa lo mismo o, directamente, para ellos no tiene ningún significado más allá del gesto mismo.

Lo siguiente que ocurre es el contraste entre la frase traducida por el aparato que dice “venimos en son de paz” con la reacción del marciano ante la paloma, símbolo mundial de paz. Aquí dejo el link del momento exacto:

https://www.youtube.com/watch?v=x-2VmohG_Pk

Se puede apreciar cómo el Embajador de Marte cambia su gesto ante la paloma, parece que incluso se enfada y es lo que, en teoría, detona el ataque marciano y la masacre del primer encuentro entre terrícolas y extraterrestres. Cualquiera podría decir que es lógico que los marcianos no conozcan el significado que nosotros le otorgamos a este tipo de ave, que una paloma sea símbolo de paz para los humanos no quiere decir que también lo sea para unos seres que, muy probablemente, ni siquiera conocieran la existencia de este tipo de animal. Sin embargo, vemos cómo el Embajador reacciona con un gesto de asombro ante el animal volador, quizá miedo o enfado y de ahí el ataque, aparentemente producido por un malentendido.

Esto se indica en la película, en una escena posterior, en la que se le expone al presidente que el ataque puede haber sido producido por un malentendido cultural, lo cual provoca un segundo encuentro que también terminará en catástrofe.

Ante este ejemplo, quizá podría entenderse que el cronotopo es un marco de sentido compartido por todos los seres humanos y, en algunos casos, así es, pero cada comunidad compartirá diferentes cronotopos que se diferenciarán de otras comunidades en las que varíe la relación espacio-temporal. Por ejemplo, echemos un vistazo a la siguiente imagen:

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¿Qué creen que está ocurriendo en la imagen? Conocedores de la cultura china aparte, vista la similitud de las vestimentas del mismo color blanco y beis se podría deducir que están celebrando algún tipo de costumbre como un desfile o rito.

Realmente, la imagen muestra un típico funeral en Hong Kong. En nuestro cronotopo el color de los funerales es el negro, por lo tanto, sin conocer el cronotopo chino, sería improbable haber deducido que se trataba de una ceremonia fúnebre.

Como vemos, los cronotopos definen los marcos de sentido en la realidad e, incluso en comunidades más cercanas, conviven diferentes cronotopos que, en muchos casos, hace que prejuzguemos en ciertos momentos a personas que realmente no podemos comprender por carecer del marco de sentido necesario.

El mito de Barthes

Hola.

Hablábamos de la importancia de las palabras, del estructuralismo y de la visión de Saussure sobre el lenguaje. Bien, pues Barthes fue más allá de la visión que se tenía del lenguaje y aseguró que la significación tiene dos órdenes.

Barthes pretendió revertir la clasificación de Saussure e incluir a la semiótica dentro de la lingüística. Esto era porque aseguraba que el lenguaje estaba sobrecargado de significancias que debía estudiar la semiótica. Por lo que cualquier método que estudiara el lenguaje no podía dejar de lado las connotaciones, ironías y valores que éste añadía a su propio significado.

Según Barthes, un signo tiene dos órdenes; el primero, que es lo que el signo denota (p. ej. el signo coche denota el concepto de un vehículo a motor de cuatro ruedas) y el segundo, que es lo que el signo connota (p. ej. en la expresión ¡qué coche tiene! fuera de contexto se podría entender subjetivamente como que esa persona tiene un coche de buena calidad y la expresión connota admiración, quizá envidia o, por otro lado, se podría entender como que tiene un coche viejo y destrozado y podría connotar pena, burla o ironía). De esta interpretación hermenéutica del lenguaje nace la explicación lógica a los malentendidos a los que se llega mediante el acto comunicativo verbal. Si, como los estructuralistas pensaban, el lenguaje solo tiene una posibilidad de interpretación histórica, el malentendido no debería existir.

A este segundo orden es a lo que Barthes denomina como mito. Él aclara que “el mito es un habla” y “constituye un sistema de comunicación, un mensaje”. En este caso el mito si que es de fundamento histórico porque viene impuesto previamente por la sociedad.

Por lo tanto, podríamos volver a hablar de la relación del signo con el significante y el significado, donde el significante puede denotar su significado (primer orden, objeto) y donde el significante puede connotar otros significados subyacentes (segundo orden, mito).

Barthes afirma que, el significante mítico tiene realidad sensible y su sentido: “forma parte de una historia (…) postula un saber, un pasado, una memoria, un orden comparativo de hechos, de ideas, de decisiones”. Por lo que nos podría hacer reflexionar acerca de la realidad social construida mediante mitos, en los que podríamos aceptar ciertos mitos como verdades de sentido común y que esas verdades de sentido común, realmente, solo respondieran a los intereses de una minoría que es la creadora de mitos, la sociedad burguesa y el sistema capitalista.

Un ejemplo práctico y actual de esta valoración puede ser el trabajo en España. El primer orden del significante, el objeto, denota una actividad realizada por el hombre para un fin productivo. Pero el segundo orden puede ser la creencia generalizada (impuesta por la clase dominante) de que es justo que un trabajo asalariado no cualificado conste de cuarenta horas semanales, se cobre mensualmente un salario que oscilará entre los 670 y los 1100 euros siendo la parte más importante de la maquinaria productiva y que, el jefe, pueda llegar a ganar, dependiendo del tamaño de la empresa, hasta diez mil veces más que sus trabajadores, amasando fortunas que rozan lo absurdo, mientras una gran parte de la población se ve obligada a vivir en condiciones deplorables y de absoluta pobreza, incluso, en muchos casos, disponiendo de trabajo. Este mito viene impuesto socialmente, la propiedad es del capital, el que tiene el capital económico es el que decide la organización de la empresa, salarios, horarios, precios, etc. y esta realidad es aceptada por todos los que les vino impuesta.

http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/10150/2/margen1-9.pdf

Y lanzaría una reflexión: ¿Nación?

Un saludo,

Samuel Martínez.

La importancia de las palabras

En la siguiente entrada hablaré sobre el mito de Barthes, pero he creído conveniente que primero habría que hablar de la importancia de las palabras.

Podríamos indicar que una palabra es un signo, es decir, una relación entre un significante (imagen acústica de origen psíquico) y un significado (concepto) – ROLAND BARTHES, MITO E IDEOLOGIA por Héctor M . Ramírez Cahue –http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/10150/2/margen1-9.pdf –

Es decir, la palabra (y la utilización de éstas según los valores de la sintáctica, gramática y pragmática) es lo que permite crear un concepto en una realidad social a partir de lo que nuestros sentidos pueden observar. A raíz de la utilización del lenguaje surgen nuevos conceptos de ideas que no se pueden observar a través de los sentidos, como podrían ser términos abstractos como el amor, la verdad, la fidelidad, etc.

Por lo tanto, digamos que, estos pequeños signos llamados palabras, se incluyen dentro de un código compartido por una sociedad al que se le atribuye el nombre de lengua.

Este código compartido crea una realidad social gracias a la posibilidad de comunicación entre sus miembros. En un mundo en el que no pudiéramos comunicarnos sería imposible hablar de una realidad social, dado que la misma es creada por el lenguaje, entendiendo lenguaje como comunicación.

Si la realidad es creada por el lenguaje y una parte fundamental del mismo lo forman las palabras, podríamos afirmar que, en cierto modo, las palabras son elementales en la construcción de la realidad. Esta afirmación otorgaría que, las palabras, uno de los elementos más básicos, y a la vez más importantes, de la comunicación humana son utilizadas por las sociedades para establecer sus propias realidades, la cultura sería una parte de esta realidad construida.

Como conclusión de esta entrada introductoria al mito de Barthes podríamos hablar del estructuralismo. Para Saussure el lenguaje era una estructura debido a la interconexión de signos. En su Curso de lingüística general (1916) Saussure defendió que: “el lenguaje es un sistema formal basado en la diferenciación de los elementos que lo constituyen”  y es a este sistema al que se le da el nombre de estructura. La relación de los signos que constituyen la estructura entre el significante y el significado siempre va a ser subjetiva y abstracta. El significante en el lenguaje siempre es un concepto social construido, ya que, cada lengua utiliza unos significantes distintos para referirse a los mismos significados (ejemplo: coche/car/cotxe/voiture), por lo que el significante se construye y el significado, a su vez, es subjetivo. El mejor ejemplo para ello son los colores, el significante de cierta tonalidad podría ser rojo y esa tonalidad toda esa sociedad la llama rojo, pero nunca se podría estar seguro de que, a ojos de cada uno, esa tonalidad sea exactamente igual interpretada por nuestro cerebro y sea realmente el mismo color el que estamos percibiendo.

El estructuralismo se sitúa desde una perspectiva holística, es decir no se podría analizar el lenguaje examinando únicamente los signos de manera aislada y no comprendiéndolos dentro de un todo. De ahí que la estructura del lenguaje estudie la relación entre los términos y que dichos términos no puedan entenderse sin tener en cuenta su interconexión.

En definitiva, el estructuralismo expone una teoría en la que el lenguaje hay que entenderlo en su conjunto pero los signos se refieren únicamente a un significado socialmente aceptado, es decir es histórico.

Y con esto ya podemos empezar a hablar del postestructuralismo.

Un saludo!!

La ropa como identificador de grupo social

rinconcreactivo

¿Identifica el vestuario de una persona su pertenencia a cierto grupo social? A priori podríamos pensar que así es, pero ¿es esto siempre así?

Según la investigación “La indumentaria como identificador social:  un acercamiento a las culturas juveniles” realizado por Sandra Milena Henao Melchor,  licenciada en Español y Comunicación Audiovisual, se afirma que, además de la moda marcada por los medios de comunicación y la sociedad de consumo, existen ciertas corrientes “contraculturales” o “antimoda” siempre relacionadas con la juventud, una juventud transgresora y desafiante a la realidad impuesta.

Sandra Milena, en su estudio afirma que: “Al transformarse en un signo que marca diferencias sociales, económicas, de edad,  de género,  etc., la indumentaria se enmarca en el círculo de la apariencia; (…) la moda tiene dos características  sin  las cuales no podría subsistir: lo  efímero y lo fantasioso (…) Pese a esos estereotipos, cánones o normas hay quienes buscan ir en contra de éstas, y es aquí donde las llamadas culturas juveniles, tribus urbanas o contraculturas,  manifiestan  su desagrado  creando formas propias con su indumentaria.”

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